Una inmersión en el arte contemporáneo a ambos lados de la cordillera de la mano de la Residencia de Investigación y Producción en Arte Contemporáneo (RIPAC).
Txt. Javier Garat | Ph. Ezequiel Sambresqui
Como una frontera de cristal, el edificio ovalado del Centro Cultural de la Embajada de Chile rodea lo que en pleno barrio de Recoleta está definido como territorio chileno. Del lado de afuera, un parque repleto de palo borrachos y pájaros sitia la Embajada; del lado de adentro, una frase se recuesta en el piso: “Errancia infinita: un ir y venir. Una inagotable curiosidad. Aquel que parte se hace preguntas”.
La frase es de Pamela Fuentes, una de las artistas chilenas que participó, desde el 11 hasta el 20 de febrero, de una experiencia destinada a abrir el diálogo entre artistas, gestores culturales y teóricos que trabajan a un lado y otro de la cordillera. Se trató de la Primera edición de la Residencia de Investigación y Producción en Arte Contemporáneo (RIPAC), ideada de manera conjunta por la plataforma de gestión y difusión de arte contemporáneo, recientemente icorporada al Barrio Joven de ArteBA 2013, Central de Proyectos (María Lightowler, Herminda Lahitte) y Carolina Rodríguez (gestora cultural chilena). La residencia consiste en diez días de convivencia y trabajo conjunto entre diez artistas –y profesio-nales del mundo del arte- de Argentina y Chile. Durante la misma los participantes comparten el hospedaje, tiempo libre de trabajo y actividades como visitas a talleres de artistas y charlas a cargo del curador argentino Rodrigo Alonso y su colega chileno, Gonzalo Pedraza.
La idea surgió en un grupo de estudio sobre arte donde María y Carolina se conocieron y entendieron que tenían inquietudes similares. “Yo siempre tuve la intención de traer artistas chilenos y de llevar artistas argentinos para allá porque nosotros conocemos mucho de artistas españoles, franceses o norteamericanos y no sabemos lo que pasa en Bolivia o Argentina”, explica Carolina y enfatiza: “No nos damos cuenta que en los dos países están haciendo lo mismo en situaciones similares: las mismas problemáticas, los sistemas de galerías”. Sin embargo, las diferencias en la educación es bastante marcada. “En Chile la educación es mucho mas formal y teórica y para nosotros [los argentinos] es mucho mas informal, en talleres o clínicas. Y la escuela o la institución para estudiar Bellas Artes es casi nula”, cierra María.
“La residencia es todo: las conversaciones, las cenas, el caminar, el tomarse un café juntos. todo eso forma parte del crecimiento y del dialogo que se puede establecer entre dos personas que no se conocen”.
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