Monstruo de la imaginación

Txt Mijal Iastrebner @mijebner / Ph Ezequiel Sambresqui

Se abren las puertas a su daniuniverso ubicado en –lo que él supo rebautizar como- “Reconcheta”. En ese mismo ambiente, repleto de grandes cuadros coloridos, pedazos de pintura sólida en los muebles y bosquejos en marcador sobre hojas A4, están también sus amigos Mariano Breccia, artista textil y creador de 12-na (más que indumentaria reciclada) y Elmondito, su Monstro ahijado, durmiendo en el piso (ver recuadro)

A simple vista, Dani pareciera estar disperso, inquieto, pero lo cierto esque está elaborando varias ideas a la vez. “Estoy siempre terminando un proyecto y empezando algo nuevo”, cuenta y sostiene que para él es fundamental trabajar mucho: “Creo en la producción constante mucho más que en el talento o la genialidad. Hay un conocimiento que se adquiere solo en la práctica concreta y siento que es ahí donde uno encuentra lo que esta buscando”.

Para el artista plástico, la interacción con el trabajo de otros es potenciadora: “Confío en la gente que hace, mucho más que en la que dice que va a hacer. Es así como elijo a todos los que forman parte de mi vida”. El ejemplo más ilustrativo está presente en la sala, la ropa “docedaneada” y el proyecto conjunto “Monstro” son esa clase de unión (12-na + Dani Dan) que permiten ampliar barreras creativas. “Producir juntos nos deja crear cosas que ambos por separado no podríamos y multiplica nuestras posibilidades en todas las áreas que involucran un proyecto”, explica Dani.
Aunque las colaboraciones sean de gran ayuda, la amplia producción danidanística requiere de su comercialización. “La plata es solo una de las formas con las que financio mis fantasías. Me gusta hacer trueques y lo siento mucho más humano y concreto que recibir papelitos con números y caritas”, dice casi susurrando para evitar despertar a Elmondito.

A pesar de sus veintipocos años y de que aparenta ser el mismo chico que repartió pizzas en rollers convencido de que era “la mejor combinación entre alimentación, deporte y trabajo”, en el mundo artístico Dani Dan es todo un hombre. La decisión de dejar el delivery para abocarse a sus obras tiempo completo devino en un veloz desarrollo de su carrera: Participó en ArteBA desde 2007 hasta este año con diversas galerías, tuvo su segunda muestra individual en el CCBorges, formó parte de la exhibición de arte latinoamericano de 415 Gallery en San Francisco (Estados Unidos), grafittió una pared de Niceto para Ray Ban, diseñó una etiqueta para cervezas Otro Mundo, ilustró tapas de revistas como la Wipe y Dadá Mini, realizó gráficas para marcas de indumentaria, fiestas y djs amigos.

Como si todo eso fuera poco para sus seis años de carrera, este año vivió nueve meses en Berlín donde realizó su última exhibición individual de pinturas, Ich bin dein samurai (Soy tu samurai) y participó de Long Stories for Perm, un festival internacional de muralistas en la ciudad rusa, en el cual pinto a todos los personajes que viven en su cabeza en 300 metros de pared.

Si bien la experiencia alemana fue muy positiva en todos los aspectos, Dani no cree que Berlín supere a Buenos Aires ni viceversa: “Cada cuidad tiene sus propias experiencias. Son planes de vida demasiado distintos. Ellos (los alemanes) hablan de acá con la misma curiosidad o admiración con la que nosotros hablamos de Berlín”.

Sirve el último mate en una taza de arcilla y vuelve a pedir silencio. Pero esta vez es en vano, Elmond ha despertado y Dani ya revuelve los bosquejos de colores para, sin anunciarlo, retomar lo que nunca dejó de hacer, trabajar.



El mondito rockero

Un monstro, que parece un felpudo con agujeritos en la espalda y una cabeza grande con ojos como pelotas pequeñas, hace la cola en GEBA para ingresar al Personal Fest.

Se trata de Elmondito, encontrado el día en que ordenaron el patio de su nueva casa en Santiago, Chile y criado por la pareja (12-na) hasta el día en que nació su hija y decidieron llevarlo a Buenos Aires para dejarlo provisoriamente bajo la cariñosa custodia de Dani Dan, su amigo pintor que dibuja monstros y bichos raros.

Vivió un tiempo en el campo donde se rodeó de animales. Impulsado por su sensibilidad y la motivación de las frecuentes visitas de su padrino Dani, Elmi desarrolló esculturas con ramas y objetos encontrados hasta que a sus 16 años, aburrido y desmotivado por la falta de estímulos, entró en una adolescencia profunda.

Preocupados por Elmondito, Mechi, Marian y Dani decidieron que era tiempo de que pueda vivir a la luz de la sociedad y “demonstrarle” a Buenos Aires todo lo que tiene para dar. 


Aprovechando el taller de máscaras que 12-na hace para el festival de música, festejan los 17 años monstro desde que Elmi fue encontrado en su patio y lo presentan en sociedad.

“En cinco minutos sale Elmond, ¿vienen?”, pregunta Dani Dan e invita a acompañarlo en su tour enmascarados con retazos de materiales que la noche ya no deja ver bien.

INXS suena a lo lejos hasta que deja de estarlo. Con la complicidad de los fanáticos presentes, Elmond se hace paso hasta el pie del escenario para perder la virginidad del pogo, sacarse fotos y dejarse abrazar por sus nuevos amigos.

Un trencito carnavalesco –muy disonante con la música en vivo- conduce al monstro hacia fuera del campo y, mientras algunos se van acomodando para el para el show de Calle 13 que está por empezar, él se tira a descansar.

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