Cazadora de ficciones


Casa Fibra es un proyecto editorial hecho con entusiasmo amateur y mutante para compartir con el mundo expresiones artísticas que valen la pena. 

Txt. Etienne Baigorri | Ph. Iara Kremer - @iar_



Fibra es la suma de tres años de buenas excusas. Excusas que construyó Flavio Affonso, su fundador, para sacar el know how de aquellas cosas que siempre le gustaron, como la edición, pero que no tenía ni media idea de cómo llevar a cabo. “Es una casa editorial que nuclea todas las cosas que me gusta hacer y a través de la cual puedo aprender a hacerlas yo mismo, como armar las publicaciones, distribuirlas y contactar a la persona que trabajará conmigo en cada una. Igualmente, no lo hago simplemente para mí, sino también para contarlo y compartirlo con mucha más gente”, explica Flavio. En ese esquema, Fibra se presenta como una cazadora recolectora de ficción en la vida cotidiana, porque “desde la ficción se puede emerger una nueva realidad”, asegura Affonso, periodista con una carrera de publicista a medio hacer. 

“Es un poco como decía Cortázar, es un poco como el amor, es algo que no se puede elegir, es un rayo que te parte la cabeza y te deja clavado en el medio del patio”

El proyecto es un rompecabezas. Una de sus piezas son las ediciones. Sin lo trash de los fanzines, estéticamente impecables y publicados sólo cuando amerita, reúnen el trabajo de algún artista de cualquier lugar del mundo, luego de una selección basada puramente en el capricho de Flavio. “Es un poco como decía Cortázar, es un poco como el amor, es algo que no se puede elegir, es un rayo que te parte la cabeza y te deja clavado en el medio del patio”, parafrasea a Rayuela. Las ediciones no escapan a los años y cada una ha ido nutriéndose de su propia identidad: Aimanville, que es de las primeras, es un relato de textos y dibujos de Flavio. Siguieron Colección Esponja y Cíclope, y entre las últimas se puede nombrar a Semillas, Las Vidas y Magnífico. 

Entre las publicaciones se encuentra la Colección Sr. Dalton, de fines del 2011, en honor al primer hombre que pudo ver en escala de grises. Consta de cinco libritos cuidadosamente pensados, como si fueran una muestra fotográfica de autores de distintos países. Cada edición trae en el medio dos posters y están impresas en papel blanco en monotono. Un azul pálido reviste la edición con las fotos del barcelonés Adriá Cañamerasla. El verde también está presente en Sr. Dalton, a través del ojo fotográfico del argentino Andrés Lehmann. Para la fotógrafa de 26 años Sumeja Tulic, de Sarajevo (la capital y ciudad más poblada de Bosnia-Herzegovina) se escogió un rojizo. En cambio, el blanco y negro imperan en la edición en la que participa Ada Hamza de Ljubljana, la capital de Eslovenia, quien prefirió mostrar las piezas que arman su diario de verano. 


Fibra Casa Editora es un experimento que se dio naturalmente, fruto de esa búsqueda y curiosidad que Flavio escupe por todos lados. Por eso, como proyecto es indescifrable: a las pequeñas ediciones se suma la web dónde Affonso despunta el vicio de la entrevista, que prefiere resignificar en charlas informales, y acerca al lector a propuestas de lo más variadas, en la sección “Explora”. Allí aparece Joscha Bruckert, la mente que ideó la revista alemana de fotos Romka, una especie de álbum colectivo con ins-tantes de vida congelados en fotos. También incluye músicos como Pablo Malaurie o el escultor holandés Theo Jansen, conocido por su obra Animaris (animales de playa), en la que buscó construir una nueva naturaleza, y el artista sueco Ekta (Daniel Götesso), como para nombrar algunos. 

La historia de Fibra está llena de esos detalles que asombran al propio creador sobre el poder de su proyecto. “Un día me llegó un mail para que envíe las ediciones a una librería independiente de Japón, también están en Barcelona y en Madrid. Es una locura llegar a lugares así, miro las fotos y no puedo creer que algo que yo imprimí acá, que doblé a mano y que metí en el baúl del auto para enviar, después está en esos lugares del otro lado del mundo. Eso está buenísimo, nunca sabés a dónde te puede llevar”, cuenta. Más raro se vuelve todo cuando se trata de tan pocas pu-blicaciones: no hay más de doscientos ejemplares de cada edición. Es que Affonso repara en el verdadero sentido del compartir y quiere “que haya poquitas pero que cualquiera que las encuentre en cualquier lugar se las pueda llevar”.

www.casafibra.com.ar




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