Conversaciones transandinas



Una inmersión en el arte contemporáneo a ambos lados de la cordillera de la mano de la Residencia de Investigación y Producción en Arte Contemporáneo (RIPAC).

Txt. Javier Garat  | Ph. Ezequiel Sambresqui


Como una frontera de cristal, el edificio ovalado del Centro Cultural de la Embajada de Chile rodea lo que en pleno barrio de Recoleta está definido como territorio chileno. Del lado de afuera, un parque repleto de palo borrachos y pájaros sitia la Embajada; del lado de adentro, una frase se recuesta en el piso: “Errancia infinita: un ir y venir. Una inagotable curiosidad. Aquel que parte se hace preguntas”.

La frase es de Pamela Fuentes, una de las artistas chilenas que participó, desde el 11 hasta el 20 de febrero, de una experiencia destinada a abrir el diálogo entre artistas, gestores culturales y teóricos que trabajan a un lado y otro de la cordillera. Se trató de la Primera edición de la Residencia de Investigación y Producción en Arte Contemporáneo (RIPAC), ideada de manera conjunta por la plataforma de gestión y difusión de arte contemporáneo, recientemente icorporada al Barrio Joven de ArteBA 2013, Central de Proyectos (María Lightowler, Herminda Lahitte) y Carolina Rodríguez (gestora cultural chilena). La residencia consiste en diez días de convivencia y trabajo conjunto entre diez artistas –y profesio-nales del mundo del arte- de Argentina y Chile. Durante la misma los participantes comparten el hospedaje, tiempo libre de trabajo y actividades como visitas a talleres de artistas y charlas a cargo del curador argentino Rodrigo Alonso y su colega chileno, Gonzalo Pedraza.

La idea surgió en un grupo de estudio sobre arte donde María y Carolina se conocieron y entendieron que tenían inquietudes similares. “Yo siempre tuve la intención de traer artistas chilenos y de llevar artistas argentinos para allá porque nosotros conocemos mucho de artistas españoles, franceses o norteamericanos y no sabemos lo que pasa en Bolivia o Argentina”, explica Carolina y enfatiza: “No nos damos cuenta que en los dos países están haciendo lo mismo en situaciones similares: las mismas problemáticas, los sistemas de galerías”. Sin embargo, las diferencias en la educación es bastante marcada. “En Chile la educación es mucho mas formal y teórica y para nosotros [los argentinos] es mucho mas informal, en talleres o clínicas. Y la escuela o la institución para estudiar Bellas Artes es casi nula”, cierra María.

“La residencia es todo: las conversaciones, las cenas, el caminar, el tomarse un café juntos. todo eso forma parte del crecimiento y del dialogo que se puede establecer entre dos personas que no se conocen”.



Otro de los ejes que sostienen la experiencia es la condición de nómades, de seres desplazados, que tienen los latinoamericanos. Sujetos individua-les y colectivos sometidos, durante más de quinientos años, a traslados, arraigos y desarraigos en diferentes direcciones por circunstancias políticas y económicas. Esto, entienden Carolina y María, no puede dejar de tener influencia en el mundo del arte. Carolina señala: “Nos interesa entender cómo estos movimientos afectan la obra y la producción artística. Queríamos también observar este mini desplazamiento. El de los chilenos viniendo a Argentina a producir, por un lado, y el de los argentinos que viven acá, desplazándose para vivir en otro lugar. Ellos viven acá, tienen sus casas, sus trabajos e hicieron un paréntesis. Entonces hay un movimiento que tiene que ver con lo macro de los procesos históricos y un mini movimiento en la instancia de la residencia”.

La producción de obra no era un requisito para participar de la experiencia y ni siquiera era necesario tener un proyecto para ser seleccionado en la convocatoria. “La residencia es todo: las conversaciones, las cenas, el caminar, el tomarse un café juntos. Todo eso forma parte del crecimiento y del dialogo que se puede establecer entre dos personas que no se conocen”, comenta María. “Nosotras tratamos de no interferir demasiado. Entre ellos se armó una organización donde uno tomó la posta medio teórica-curatorial, dividieron el espacio, se empezaron a relacionar, algunos hacen obra juntos”. En RIPAC, lo único sagrado son las jornadas libres de trabajo, un espacio de dedicación exclusiva para la reflexión y la producción. Más allá de eso no hay determinantes. “La idea de terminar con una muestra de la producción de algunas obras se fue dando sola, fue resolución de los residentes. Pero si hubiese sido solo la discusión o la conversación, habría estado bien”, apunta Carolina. Luego de diez jornadas agotadoras se cierra el primer capítulo de RIPAC. Futuras ediciones suVgieren imaginar nuevos destinos para nuevos cruces en una época donde las conexiones al interior de Latinoamérica se vuelven una apuesta política y, en este caso, estética. 

Epílogo. Una anciana muere. Su departamento queda intacto durante veinte años. Los banderines polvorientos, los jabones en el baño, tres globos de-sinflados y algunas revistas abiertas en la misma página que la señora leyó por última vez detenidos en un tiempo sin medida, en el silencio de los recuerdos encerrados al vacío. Quien haya visitado RIPAC habrá visto en una esquina estos recuerdos, rescatados del olvido y comprimidos en el collage espacio-temporal de Catalina Schliebener, una de las residentes.


Más información en la Fan Page: facebook.com/RIPAC

La revolución será fotografiada

Photographic Museum of Humanity.

Txt. María Eugenia Mastropablo

Cuando Jorge Luis Borges pensó en una Biblioteca infinita para su cuento La Biblioteca de Babel no estaba al tanto de lo que sería la revolución de internet y, mucho menos, de las cosas maravillosas que se podrían lograr luego de su invención. El Photographic Museum of Humanity retoma ese concepto de infinitud pero aplicado a un museo virtual donde fotógrafos de todo el mundo pueden subir sus fotos y conformar un gran trabajo colectivo.

Giuseppe Oliverio, uno de los fundadores y director del Museo, cuenta que lo bueno de la virtualidad es que “es accesible a todo el mundo, en cualquier momento y de forma gratuita”. La idea surgió de una manera un poco alocada, parece que así es la vida de Oliverio en general. “Yo estaba en Skype con un viejo amigo mío hablando de todas las cosas que queríamos hacer y del poco tiempo que teníamos. En un momento dijimos: ‘Hey, ¡qué cool sería crear un museo en Internet que esté al alcance de todos y que sea visible desde cualquier lugar del mundo! Sería una revolución’”. Esa loca idea entre amigos no terminó en una utopía de trasnoche: “Quedé tan entusiasmado que empecé a dedicar todo mi tiempo a ello. Mi amor por la fotografía y el hecho de que puedas ver una foto desde tu computadora portátil es la razón por la cual el Museo se convirtió en museo fotográfico”. 


Con toda su pasión a cuestas y con ese “sueño en el bolsillo”, en agosto del 2011 llegó a Buenos Aires donde se encontró con un grupo de personas que creyeron en su idea. “Para junio de este año la página web ya estaba funcionando”, cuenta. Los otros dos fundadores son argentinos: Francisco Mato, jefe del Departamento de Diseño del Museo y Lisandro Aubert Casas, que es el Jefe del Departamento Técnico. “¡Los conocí por internet! Yo volé desde Bolonia  hacia Buenos Aires después de un par de conferencias por Skype. He sido bastante loco en volar hasta la otra punta del hemisferio para iniciar un proyecto muy exigente con personas que no conocía. Y ellos han sido bastante locos en creer en un desconocido. Por suerte todo funcionó bien”.

Oliverio cree en la creación colectiva. Afirma que los objetivos más importantes del Museo son que “sea accesible a todos ya que hay muchas personas en el mundo que no tienen la oportunidad de viajar y conocer los museos más importantes. Todo el mundo podrá visitar este museo mientras tenga conexión a Internet”. Otro de los propósitos es que muchas personas contribuyan: “Hay muchos fotógrafos hábiles pero desconocidos que merecen el reconocimiento mundial. Queremos darles visibilidad a ellos y a sus obras”. Además, desde el Museo quieren promover la fotografía y el lenguaje artístico, porque “la fotografía forma parte de la vida de todos pero todavía muchos de nosotros no la vemos como un arte y tampoco entendemos su lenguaje. Queremos estimular a la gente a ver y entender”.

Si bien los fotógrafos están dispersos alrededor del mundo, Oliverio cuenta que mantiene relación con la mayoría de ellos. “Conozco a muchos por diversos eventos que realizamos. De todas maneras, sobre todo, me comunico con ellos a través de los mensajes de la web del Museo o por correo electrónico y redes sociales. También compartimos una cerveza cuando es posible”.

Con respecto a cuáles son los límites éticos para que las fotos se publiquen sostiene que “la diversidad de la cultura, educación, religión, edad, sexo y nacionalidad son el valor agregado más importante de nuestro proyecto. Los fotógrafos son más que bienvenidos para cargar todo tipo de material, siempre y cuando se respete la diversidad y el multiculturalismo”.

Una de las ventajas que tiene un museo online es que “podés disfrutar de un día de lluvia volando con tu mente mientras ves una exposición fotográfica desde tu sofá, o podés hacer lo mismo mientras te tomas un mojito en la playa”. Además, la virtualidad permite “participar con comentarios, compartir el material, añadir galerías a favoritos para poder volver a visitarlas cuando uno quiera. La cultura pasará a formar parte de esta revolución 2.0 que ya estamos viviendo”.

“¡La fotografía es mucho más que una forma de recordar las vacaciones de verano!”, concluye. Fotografía, según lo indica la raíz de su nombre, significa escribir con luz. Como afirma Oliverio, esto implica mucho más que sacarse una foto tomando sol.



Los fundadores de una de las crews graffiteras más emblemáticas visitaron la Argentina y, en un inglés afrancesado, recordaron su camino en el mundo del arte y el diseño.


Txt. Mijal Iastrebner @mijebner | Ph. Sabrina Saladino @esabrisa

Todo empezó con el hip hop. Un amigo tenía un álbum de los Beasty Boys o Public Enemy, no me acuerdo, y me habló del gra-ffiti. Nunca lo habíamos visto porque todavía Internet no existía”, recuerda entusiasmado Scien, uno de los seis integrantes de 123KLAN, la pandilla de graffiti que fundó junto a su mujer, Klor en 1992.

Con los años, llegó la influencia del diseño gráfico y el marcado estilo de este matrimonio francés se profundizó. Para responder a los pedidos de diversas marcas, abrieron su propio estudio de diseño en 2003 y en 2007 se mudaron a Montreal. Pasaron los años y los 123KLAN se volvieron especialistas en creación de logotipos, diseño de personajes y dirección de arte. El éxito de su trabajo devino en la creación de su primera marca propia, BANDIT-1$M, a la cual utilizan como laboratorio para probar tendencias y mantener actualizada su noción de la cultura callejera.

A pesar de haber dejado clara su actitud ruda y algo franco-arrongante durante su conferencia en el festival de diseño Trimarchi, en la charla con Cultra se toman el tiempo, no solo para contar sobre su trabajo, sino para dejar mensajes valiosos: “No estamos acá para decirle a la gente qué hacer sino para decir que es posible. Todos podemos hacer la diferencia”

Cuando empezaron a dibujar paredes, en algún momento, ¿imaginaron que esto iba a pasar o solo dejaron que fluya? 
Scien: Era algo súper nuevo, copado y éramos chicos (15). Nos podíamos divertir sin un mango, con un par de marcadores, las calles de noche, nuestros amigos y ya.
Klor: A parte, era algo totalmente ilegal, no se lo decías a nadie a menos que fueran muy cercano. 
S: Estaba buena la adrenalina, la experiencia, escribir tu nombre en un tren y verlo salir de la estación con tu obra. 

¿Extrañan esas experiencias y esa adrenalina de salir de noche?
S: No. Pasa que era divertido pero a veces también frustrante. Al principio no te importa mucho así que probabas y listo. Pero después tratás de ir armando obras más complejas y cuando tenés que dejar una por la mitad porque viene la policía, te sentís mal. Pintar legalmente también es divertido. Hacerlo de día es más fácil y más prolijo. 
K: Hacer un asado con amigos mientras pintamos es muy copado.
S: Pero bueno, claro, todas las historias más divertidas son de la época ilegal.
K: Si, de la era de los dinosaurios.




















¿Sienten que cambiaron su estilo o que lo pulieron?
S: Lo pulimos pieza por pieza, si no deja de ser interesante porque es copiar algo. 
Lo que está bueno es mirar trabajos viejos y decir: ‘Uh, esto era una mierda’. Significa que lo que hacemos hoy es muchísimo mejor. Generalmente la gente se la pasa recordando viejos tiempos y odia la vida que tiene ahora. Nosotros creemos lo contrario. Amamos nuestra vida, era divertido en ese contexto pero ahora es otro período.

Claro, quizás es la forma necesaria de pensar para llegar a donde están hoy.
S: Si. Tenés que mantener tu foco. Si te preocupás por ser famoso, por que la gente reconozca tu estilo o por ganar plata, estás en el horno. Nosotros experimentamos haciendo cosas nuevas sin pensar si a la gente le va a copar o no, lo hacemos por nosotros. Finalmente, provocamos cosas y después los clientes vienen a ofrecernos trabajo.
¿Alguna vez sacrificaron o sacrificarían su punto de vista por un cliente?
K: Yo soy la que dice que no. 
S: Le dijimos que no a Coca Cola solo por un tema de presupuesto. Es siempre la misma bosta, es por plata. Y nosotros respondemos: ‘Perdón, pero si quieren trabajar con nosotros este es el costo’. Cuando vas a un restaurante jamás negocias: ‘Tengo 20 pesos, ¿tenés algo por 20 pesos pero que en realidad sale 100 pesos?’. Nosotros respondemos algo así como: ‘A la mierda, son 100 mangos, si no tenés la plata, andáte’. 
K: Si un cliente nos dice que vamos a tener mucha exposición y eso va a ser bueno para nosotros yo le respondo: ‘Si me conoces, no necesito más exposición así que chau’. 

En su conferencia dijeron que los inspiraba el crimen, las pandillas, y se puede ver que usan mucho el lenguaje callejero y el militar, ¿cómo funciona esto exactamente?
K: Es porque es corto y efectivo.
S: Es una gran caricatura de nuestra sociedad. La cosa es siempre quién se queda con el poder. Y nosotros estamos en contra del poder. Si elegimos al pirata es por su parte romántica, es libre, todo le chupa un huevo, es un fiestero y si necesita plata, la va a conseguir. No tiene nada que ver con que queramos matar gente, violar chicas o venderle droga a los pibes. 
K: Si, yo quisiera violar chicas pero me estaría faltando algo.

Si lo piensan, la publicidad en las calles del mundo son mucho más contaminantes visualmente que el graffiti.
K: Si pintamos un vagón de tren somos pandilleros o criminales pero si ahí hay un anuncio está bien porque es legal, es un mundo perfecto ¡Dale, nosotros damos arte!
Invaden nuestras calles porque es legal pero nadie nos pregunta
si estamos de acuerdo.

S:  Totalmente, es muy irónico, es exactamente esa la cuestión. Es por eso que no nos lo tomamos muy en serio y hacemos chistes sobre la sociedad.

Algunos de sus trabajos no llevan firma, ¿Cómo hacen para que su 
identidad les permita no aclarar su autoría?

S: Eso es porque no tratamos de ser lo máximo sino de ser nosotros mismos. El sistema trata de llevarte a que todos seamos esclavos de la economía, que todos nos vemos igual, pensemos igual, consumamos las mismas cosas, solo para asegurarse de que todos vayamos en su dirección. Al final, a nadie le copa eso. Creo que lo que a la gente le gusta es como todo nos importa un carajo.

¿Creen que influenciaron a otros artistas?
S: No (duda)
K: Si, dale, somos famosos. Yo creo que soy igual de popular que Maddona.
S: Nunca lo hicimos para ser famosos pero ahora medio que no lo podemos ignorar porque tenemos las redes sociales y vemos a esta gente siguiéndonos. No tenemos estrategia ni área de marketing, nos siguen porque ha-cemos lo que nos gusta sin tratar de convencer a nadie. 






Power to the people


Txt. Lucía Levy @lululevy | Ph. Sabrina Saladino @esabrisa


Comprometerse con una causa que cambia el destino de millones de personas y que deja una huella en la historia de la humanidad no es una tarea para cualquiera. Se deja el alma y se arriesga la vida. Emory Douglas lo sabía, era consciente de cuáles eran los riesgos y las satisfacciones de formar parte de un movimiento revolucionario cuyo objetivo principal era, entre otros, devolverle la dignidad al castigado pueblo Afroamericano de los Estados Unidos y del mundo. Lo entendía muy bien a sus jóvenes 22 años.

Aunque la ley de los Derechos Civiles ya se había promulgado en 1964, y a pesar de que la Constitución norteamericana al fin prohibía la segre-gación racial en las escuelas, instituciones públicas y lugares de trabajo, su gente aun era maltratada y discriminada. Con el propósito de revertir esta situación, en 1966 Huey P.Newton y Bobby Seale fundaron el Partido de los Panteras Negras por la Auto Defensa en Oakland, California. 

Newton y Seale comprendían que las buenas causas sin difusión no tenían alcance ni fuerza. Así fue como en 1967 nació el diario de Los Panteras Negras y ese mismo año, un joven Emory Douglas se unió a la causa. A demás de participar como ministro de cultura del partido, su trabajo como ilustrador de las tapas del diario fue fundamental ya que supo entender el poder que tenía la imagen para comunicar las ideas constitutivas del movimiento. Sus dibujos no sólo cumplían un rol estético, sino que también mostraban condiciones de vida que llamaban a la revolución y lograban revertir la imagen de víctima de su pueblo. 

Para transmitir esa sensación de potencia y fuerza, Emory dibujó a sus hermanos con trazos gruesos y con miradas penetrantes. Él fue una pantera más que logró devolverle a su pueblo un poco del amor propio y el respeto que les habían sido arrebatados a la fuerza. Con el lápiz como arma y el papel como escudo, supo inspirar a toda una generación. De esta extraordinaria experiencia habló en su conferencia para la onceava edición de TRImarchi, el pasado 13 de octubre en Mar del Plata, y luego de recibir una emotiva y larga ovación de pie en un Polideportivo lleno, se sentó a charlar con Cultra.

Muchos de los Panteras Negras fueron perseguidos, encarcelados y ase-sinados, ¿nunca tuviste miedo?
La raza humana siempre tiene preocupaciones. Cuando estás comprometido con una causa revolucionaria, te sacrificás. Mucha gente estaba involucrada, no estaba solo. Sin la influencia que tuvieron los Panteras Negras, quizás muchos de los cambios que se lograron no hubiesen existido. Era un movimiento muy grande que trascendió a los Panteras. Eran muchos los que estaban frustrados con la política del gobierno y el maltrato policial. 

Varias de tus ilustraciones muestran a tus hermanos cargando armas como un símbolo de poderío. En tu caso, el arma era el lápiz. 
Las armas eran una parte pequeña del movimiento, la mayoría de los panteras no las usaban. El punto número siete de los principios que regían al partido decía que queríamos el fin de la brutalidad policial y el asesinato de negros y oprimidos. Nuestro derecho era defendernos de las fuerzas armadas, y para hacerlo, nos parecía correcto estar armados. Además, la Constitución de los Estados Unidos permite la portación de armas, estábamos armados porque era legal. Para aquellos que aún tenían la convicción de que los negros eran esclavos, el hecho de que cargáramos armas fue indignante y atroz. 

Luego de varios años, ¿pudiste ver los resultados de la revolución que estaban haciendo? ¿Mejoró el nivel de vida de los afroamericanos en el mundo?   
Es un proceso que no termina. Muchas cosas han cambiado, pero otras siguen igual. Por ejemplo, este año en los Estados Unidos se hizo un estudio que demuestra que desde enero hasta junio un negro es asesinado por la policía cada 39 horas. Es irónico que tengamos un presidente de descendencia afroamericana y sucedan estas cosas. Claro que los presidentes son títeres, eso lo muestro en una de las ilustraciones. Ellos no son los que gobiernan a los países y la gente se está dando cuenta. 

¿Aún seguís trabajando con este sentido revolucionario?   
Aún hago ilustraciones que muestran temas preocupantes, trabajo con mucha gente joven y viajo alrededor del mundo comunicando un mensaje revolucionario que abra mentes. Cuando viajo intento ir a los ba-rrios más castigados para demostrar las similitudes que existen hoy con el movimiento de los Panteras. 

¿Alguna vez estudiaste ilustración o diseño gráfico o todo salió
naturalmente?   
Estudié tres o cuatro años en el City College de San Francisco, allí hice arte comercial, esa es mi base. Con esas herramientas pude hacer todo lo que vino después. 

Cuando comenzaste a dibujar para los Panteras Negras no había computadoras, todo era hecho a mano, ¿te costó adaptarte a las nuevas tecnologías?    
Aprendí a usar la computadora y los programas hace apenas tres años y medio. Por suerte tengo muchos amigos jóvenes que me enseñan y que me ayudan cuando tengo un problema. Mi estilo no cambió, sólo mejoró, se refinó. 

A diferencia de lo que muchos ilustradores hacían, vos no victimizabas a tu gente sino que les devolvías el poder, los dibujabas poderosos. 
El arte siempre es un reflejo de lo que sucede en la política, por eso muchos ilustraban a mi pueblo como débiles. Pero el espíritu de los Panteras Negras quería conseguir otra cosa. Los dibujos eran una buena manera de inspirar a mis hermanos porque se veían reflejados en ellos, por eso los hacía poderosos.

Contrastes

Cultra  presenta a Julián Nuñez, el ganador del concurso Globo, Comunidad de Arte & Diseño Emergente.

Txt Nicole Baler

Casi se lo pierde. Pero a último momento, en uno de esos viernes a la mañana con poco laburo en la oficina, Julián Nuñez entró a chusmear el portal de DGCV y encontró la convocatoria al concurso de Globo, cuando sólo quedaban unas horas para el cierre del envío de material. Tenía una imagen en la que ya estaba trabajando, fiel al estilo de los personajes de su blog Hoggarton, que respondía a los requisitos del concurso y “como con todas esas imágenes que no hay tiempo para pensarlas y por eso terminan cerrando”, la mandó y le hizo llevarse el primer premio. 

Graduado de Diseño gráfico en la UBA hace tres años, Julián bucea en el mundo del 3D desde muy chico. Su papá le compró la primera computadora para que pudiera experimentar esta técnica y ya en las viejas DOS hizo sus primeros ensayos. También hizo páginas web, animación y ahora es uno de los integrantes de Inland Studio, dedicado exclusivamente a motion. Pero el 3D es esa técnica a la que siempre vuelve y linkea con todos sus trabajos. “Recién se me terminaron de acomodar las ideas una vez que terminé la carrera. Hoy en día uno está viendo cosas todo el tiempo y no llega a hacer una pausa y ver cómo expresás eso y terminás siendo un compendio de un montón de cosas que te gustan. El problema está en encontrar un cómo hablo yo, no un cómo hablo yo imitando a otras voces”, explica.

¿Cuál es tu identidad?

Siempre que laburo y abordo una imagen, tengo muy presente el tema del tiempo. Soy medio melancólico, porque para mí mirar hacia atrás hace reivindicar un montón de cosas que hoy se pierden. La conciencia en el arte, y en toda la vida, es súper importante y si no mirás para atrás, perdés conciencia de un montón de cosas. Por ejemplo, me pasa con lo efímero de mostrar arte en internet. Yo no tengo Facebook, no digo que no vaya a tener nunca, pero no quiero ser un producto más que se muestra en una góndola. Voy un poco más con la idea vintage: quizás me cueste mil veces más que me conozcan, pero el que llega se va a encontrar con algo que no está tan expuesto. Al 3D se lo vincula siempre con algo muy frío y yo siempre laburo con muchas texturas, con ese mensaje de que volvamos a la esencia.

En tus trabajos se da un contraste de personajes imaginarios con fondos realistas, ¿por qué hacés esa elección?

Hace ya un tiempo que vengo con esta idea. Tiene un poco de las películas de Pixar cuando todavía no eran tan realistas. Hoy las ves y son completamente reales. Cuando empezás a perder la noción de lo real, te ayuda a comerte todo el cuento. Podés colgar la cabeza y creértelo  Creo que eso define la idea conceptual de mi laburo. Siempre traro de ir a lo surreal porque hay algo evidentemente que no me está gustando de la realidad, no quiero negarla, pero sí volver un poco atrás, a la infancia, a donde estás a gusto y volver a mirar eso. 

Dibujo Ganador  del concurso Globo: Ballon Community in the stars



Naturaleza mutante


Cultra  presenta a Florencia Huerga, la ganadora del segundo puesto del concurso Globo, Comunidad de Arte & Diseño Emergente.

Txt. Gonzalo Sánchez Segovia


Florencia Huerga empezó a pintar con acuarela a los siete años y dice que le gusta dibujar desde que tiene uso de razón. Ahora está estudiando artes visuales en la Universidad del Museo Social Argentino, una licenciatura especializada en dibujo y grabado de la que le faltan pocas materias. Hace cinco años que se obsesionó con las posibilidades artísticas que le brindan los grabados y se dedica de lleno a ellos. “El grabado requiere más dibujo que pintura, es más sobre la línea que el color, y me enganché. Este año tuve un taller de dibujo, haciendo temáticas libres, y ahí empecé a desarrollar más la imagen que estoy haciendo ahora. Para grabar necesitás desarrollar más el dibujo, pasa por otro lado”, cuenta. Mientras termina de estudiar, los fines de semana trabaja en un teatro y se presenta como actriz en castings para publicidades, pero quiere ser ilustradora de revistas y marcas. Está planeando armar un taller de ilustración y serigrafía y le gustaría editar un libro con sus dibujos. Actualmente hace fanzines y está preparando uno de recetas ilustradas. “Me encanta cocinar, y me parece una buena idea combinar mis dibujos con recetas”.

¿En qué te inspirás? ¿Qué querés transmitir con tus dibujos?

Me gusta mostrar algo monstruoso y simpático a la vez. Cada vez que no sé qué dibujar, que es casi siempre, me inspiro mucho en plantas y flores, y después les agrego ojos, dientes. De hecho, los dos fanzines que hice se llaman Los Adefesios Perdidos y están inspirados en un viaje que hice a San Marcos Sierras, Córdoba, un lugar que estaba lleno de bichos, arañas, avispas y chichinas, unos insectos muy extraños parecidos a cucarachas. Les tengo mucho miedo y fue una manera de ridiculizar ese temor. La verdad, casi nunca sé qué voy a dibujar, la mano empieza a hacer líneas y busco asociarlo a algo. Pero muchas veces utilizo elementos de la naturaleza como disparadores, tengo muchos libros de plantas.

¿Qué artistas te gustan?
Me gustan mucho los grabados de Alfredo Benavidez Bedoya, que trabaja con linóleo y hace unas cosas increíbles. También William Hogarth, Edward Gorey y William Blake. El último libro que compré fue Bicicleta sin freno, del colectivo de artistas brasileños Douglas, Renato y Víctor (Editorial Jellyfish, 2012), lo descubrí hace poco y me encantó.

¿Qué técnica utilizás?
Ahora estoy trabajando en blanco y negro porque me obsesioné con la trama. Uso lapiceras Rotring y después lo escaneo. También estoy aprendiendo a trabajar en serie. Generalmente, cuando empezás, es más difícil trabajar series, pero ahora estoy tratando de desarrollar una idea hasta agotarla. Está bueno porque le da continuidad al trabajo.

Dibujo ganador del 2do. puesto en el concurso Globo



Arte en tus manos

El Proyecto Polemos Ars fue pensado para desafiar al hermetismo que se identifica con el mundo artístico. 

Txt Etienne Baigorri

Se trata de la primera serie de afiches dedicados al arte argentino contemporáneo, que se pueden conseguir en una red de tiendas de la ciudad. La iniciativa es un círculo virtuoso que defiende la democratización del arte desde sus dos aristas fundacionales: por una lado se abre el mercado para que el acceso sea real e inclusivo, “para que todas las personas que así lo deseen puedan tener una obra de calidad sin que el costo sea el impedimento - explica Soledad Stagnaro, directora del proyecto - y por otro también se presenta como una plataforma de difusión para el artista. La idea es que todos salgan ganando”.  

Sin demasiadas vueltas, el objetivo del emprendimiento es alcanzar el máximo nivel de calidad con el costo más bajo posible. La tarea de Polemos Ars  es editar una serie de afiches de artistas nacionales, de los que conocen todos y de los que no tanto, y distribuirlos en una red de tiendas para “propiciar el encuentro de nuestros artistas con el público masivo”, resume Soledad, artista e ideóloga del proyecto, junto con la curadora Ana Martínez Quijano. Para lograrlo, cada detalle está milimétricamente pensado: “desde el papel y la fidelidad de las impresiones, hasta los exhibidores especialmente diseñados para los afiches”. 

Polemos Ars fue el ganador de la cuarta edición del Programa de Apoyo a la competitividad Pyme, de la Subsecretaria de Desarrollo Económico, en la categoría Innovación. “Duplicando la apuesta del proyecto original, que se limitaba tan sólo al diseño del Programa, se concretó la producción de mil afiches con las obras de los primeros 16 artistas participantes”, explica Soledad. La inquietud surgió desde su misma experiencia como artista, al toparse con la contradicción de ser una más en ese mar de artistas, contenidos en un pequeño nicho de mercado, y muchas veces inaccesible. “Conocí gente excelente que no mostraba lo suficiente su trabajo, la salida la encaré buscando una alternativa”, asegura.  

La elección de los artistas del primer grupo de obras editadas tuvo una intensión bien definida, según le contó la directora del Proyecto Polemos Ars a Cultra: “La idea fue que abarcara el mayor centro de interés en función de edades, gustos y sectores socioculturales”. A pesar de ese recorte y gracias a los distintos juegos y vueltas que propone el arte, los infaltables dejaron de ser obvios. El típico retrato del Che impacta en un afiche de fondo rojo con la leyenda “Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en la pared”, obra de Roberto Jacoby. El fútbol también se asoma con la obra “Argentina 78”, de Dino Bruzzone, a través de un tornado de papelitos que mezclan los colores de las bandera argentina. El tango también está, pero bajo el lente del fotógrafo Marcos López, en una obra que trastoca un poco la imagen tradicional y antihéroe de este género. Hay más postales, todas con un toque provocador, como la polémica obra de León Ferrari , donde se ve un Cristo crucificado en un bombardero estadounidense, y otras de la histórica Marta Pop.